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Todos tenemos un Zahir

Pueden o no gustarte las novelas de Paulo Coelho, pero no podemos negar que en muchas ocasiones consigue que te identifiques con algunos de sus personajes o situaciones. En mi caso sucedió con su libro El Zahir, una novela que narra la historia de un escritor que es abandonado por su esposa, dejándolo con una infinidad de dudas, las cuales lo obligan a recorrer el mundo en busca de respuestas.

En el tiempo que lo leí y debido al momento por el que atravesaba se convirtió en uno de mis libros favoritos. En ese entonces había una persona por la que haría todo, no pensaba en nada ni en nadie más que en ella. Era mi Zahir, esa cosa o personas que ocupa todo el espacio de tu mente y no te permite pensar en nada más. Ya no sabía si estaba bien o mal lo que hacía, simplemente me dejaba llevar por la corriente de sentimientos.

Siempre estaba ideando la forma de sorprenderla, de enamorarla, pues sabía que ella no sentía lo mismo por mí, sólo era un amigo más. Pero para mí lo era todo, a pesar de no tener una relación de pareja, no quería desistir y seguiría intentándolo. Como les dije, ya no lograba reconocer entre la obsesión y el amor, son tan parecidos que hasta el más cuerdo quedaría como un loco al tratar de encontrar las diferencias.

Cuando creí que el camino hacía enamorarla estaba recorrido y casi llegaba al objetivo, ella tuvo que salir de viaje, se iba por casi una semana, pero yo no quería que se olvidara de lo que comenzaba a sentir. Pobre iluso. Así que busqué vuelos baratos hacia el destino en el que se encontraba y fui, como lo hizo el escritor para encontrar a su esposa. Ese acto impulsivo que creí era de amor, no sirvió más que para derrumbar lo que había logrado construir. Como ella me lo dijo, fui irrespetuoso con su espacio personal, fui posesivo y tenía el autoestima por los suelos, por eso actué de esa forma.

Regresé con el orgullo pisoteado y con el corazón roto, con la cabeza agachada y los ojos mirando fijamente al suelo, no podía mirar de frente por la vergüenza de lo que había hecho. Aun así seguía pensando en ella y en la forma en la que debía arreglar las cosas. Cuando volvió a la universidad, yo me encontraba tomando un curso, y así pasaron tres semanas sin vernos. Cuando la volví a ver, el panorama había cambiado, era desolador. La encontré tomada de la mano con otro chico y de pronto sucedió lo que temía, un beso que confirmaba que habían consumado algo. En vez de que mi Zahir desalojara mi mente, se fortaleció y se mantuvo por un largo tiempo. Pensando en el momento en que se separaran para volver a entrar en acción o analizando el momento en que me equivoqué, los detalles mal logrados, etc.

Pero dicen que la distancia y el tiempo lo curan todo, o por lo menos lo sepultan entre una pila de recuerdos, así que cuando abandonamos la universidad el Zahir fue desapareciendo, difuminándose entre el amargo recuerdo y las punzadas de dolor que aún sentía.

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